Tienen familiares los brujos

Los «familiares» son animales domésticos que, supuestamente, con-tienen o encarnan un espíritu que aconseja al brujo y obedece las órdenes de su amo. Esta idea parece provenir de diversas fuentes. Los ocultis-tas de algunas sectas creen que fuerzas «sobrenaturales» pueden penetrar en los animales y que el diablo es capaz de presentarse en forma de ani-mal o reaparecer acompañado de uno, muy a menudo un perro negro. Otra fuente es la observación por parte de quienes no poseen animales domésticos de que los propietarios hablan a sus animales y con frecuen-cia parecen recibir respuestas. Una tercera fuente es la desconfianza que muchas personas sienten hacia los animales nocturnos y, en particular, el gato y su capacidad de ver en la oscuridad. Como los brujos comparten la opinión de que las demás criaturas forman parte de la armonía universal y no son seres extraños que no me-recen respeto, han tendido a tener una relación más amistosa con el mun-do natural que muchos de sus coetáneos. Tenían animales domésticos a

los que hablaban y adiestraban para que respondieran a sus órdenes. Sus animales formaban parte de la economía doméstica. Los perros se octi-paban de las ratas y los merodeadores, y ayudaban en la caza. Los gatos impedían que la población ratonil aumentara demasiado. Tenían liebres como nosotros tenemos conejos, para que les hicieran compañía y, en úl-timo término, como alimento y para aprovechar sus pieles. El sapo pue-de parecer un extraño animal doméstico, pero en una casa de campo con los suelos cubiertos de paja, ¿qué mejor criatura que un sapo para encar-garse de moscas y pulgas? Además, la «leche de sapo» es un alucinóge-no, y los sapos poseen la útil habilidad de permanecer en animación sus-pendida cuando se les confina sin comida ni agua durante largos perío-dos, así que cuando uno se marcha de vacaciones no es necesario que lleve su sapo a la perrera. Tanto las aves cantoras com las que pueden imitar el habla humana en diversos grados, tales como el grajo, la urraca y el cuervo, eran también animales domésticos. Al cabo de un tiempo, la relación del animal doméstico con su «amo» o «ama» se hace más íntima, y hoy la mayoría de nosotros consideramos divertido y en absoluto «raro» que alguien pasee a un gato sin correa, que un pájaro se pose en el hombro de su dueño o que un loro nos salude cuando entramos en una casa. En el pasado, antes de que Pavlov explica-ra los reflejos condicionados, todo eso no se consideraba simplemente «raro», sino «antinatural» e incluso «sobrenatural». La mayoría de los brujos que conozco tienen animales domésticos a los que hablan y que obedecen por lo menos algunas de las órdenes que les dan. Casi todos mis demás conocidos también tienen animales do-mésticos. Sin embargo, ésta es sólo una parte de la verdad. Perros, gatos, aves y sapos poseen capacidades perceptivas de las que carecen la mayo-ría de los seres humanos. Los perros perciben rápidamente la presencia de espectros y de lo que llamamos «vibraciones hostiles» de la gente, no-tan la aproximación de terremotos y desastres naturales mucho antes que nosotros, a pesar de nuestras técnicas para la detección de seísmos, y reaccionan intensamente a la muerte de un miembro ausente de la fami-lia mucho antes de que se conozca la noticia. No todos los perros tienen esa percepción extraordinaria, pero sí muchos de ellos. Los gatos también son psíquicamente sensibles y parecen capaces de ver «presencias» que les están vedadas a los humanos. También son unas criaturas ingeniosas y muy inteligentes. Los sapos tienen una reputación similar entre quienes los han estudiado en entornos domésticos. Por su-puesto, durante muchos siglos se asoció a sapos y gatos con el poder es-piritual,y el gato, al que los romanos llevaron desde Egipto a las Islas Británicas, fue considerado en éstas, bajo el nombre de Bast, como un as-pecto de Isis, la gran diosa.

Por todo ello, algunos brujos se sirven de animales domésticos, sobre todo gatos, como ayudas para la adivinación o para tornar decisiones en-tre posibles líneas de acción. Suelen hacerlo colocando en el suelo varios objetos, cada uno con un significado particular, y haciendo que el animal seleccione entre ellos. Hay brujos que usan a sus «familiares» casi como si fueran bolas de cristal, les hablan, les acarician y luego les formulan preguntas, seguros de que las respuestas provienen de la percepción ex-trasensorial del animal.