Se entregan los brujos a danzas frenéticas

En el pasado, las danzas constituían una parte considerable de muchas asambleas y aquelarres. Algunas de estas danzas llegaron a ser bailes folclóricos y ahora las llevan a cabo grupos que estudian esta forma de arte y la interpretan en representaciones de ballet y ópera. Danzas famosas como la del primero de mayo alrededor del poste adornado con flores y la danza floral de Cornualles todavía se llevan a cabo al aire libre y toda la comunidad puede tomar parte en ellas. 

Los brujos de hoy no utilizan la danza con tanta frecuencia como podría creerse. Esto puede deberse en parte a la dificultad, en épocas pasadas, de practicar en secreto una danza completa con la música apropiada. 

Los siglos de persecución acabaron con muchos rituales y celebraciones en los que originalmente participaba toda la comunidad del pueblo. Sin embargo, la danza todavía juega un papel en la brujería. Música y danza liberan en parte al bailarín de la servidumbre a la razón restrictiva. El cuerpo se mueve rítmica e instintivamente; el bailarín, por el mero acto de bailar, expresa la armonía universal. Además, cuando uno baila descalzo al aire libre, está en contacto físico directo con la tierra y su campo energético y comparte esta experiencia con otros bailarines, tanto si está unido físicamente a ellos como si no. Para los brujos, lo mismo que para los sufíes y los derviches, la danza es una manera de hacer que se manifieste la energía y el sentimiento al unísono con la vida rítmica del universo. 

La danza de los brujos puede dividirse en varias categorías. La primera adopta la forma de magia simpática y puede denominarse danza mímica, pues con sus movimientos simbólicos imita lo que el grupo desea que suceda. Un claro ejemplo es la danza de la lluvia, que se encuentra en muchas culturas. Otro es la danza de emparejamiento en la que las parejas avanzan, retroceden, se persiguen y capturan. Estos bailes folclóricos se fueron complicando con el paso del tiempo, y son distinguibles en los movimientos de muchos bailes de figuras y bailes de salón tan elegantes como el minué, o danzas retozonas como la llamada Paul Jones. El moderno baile de salón, sobre todo el vals y el tango, derivan claramente de danzas de emparejamiento. 

Ciertas danzas mímicas se relacionan con los mitos, las leyendas y las estaciones del año. Hay danzas que imitan y celebran la recogida de los frutos, la cosecha del cereal, el renacimiento del dios o la diosa en la estación apropiada, etcétera. Algunas de estas danzas pueden verse en las evoluciones de los bailarines demonis, que derivan claramente de la antigua magia folclórica. 

Una segunda categoría es la danza del anillo, en la que los bailarines se mueven en un círculo, generalmente alrededor de una hoguera. El ritmo de esta danza es sencillo, aunque existen diversas maneras de interpretarlo. Puede bailarse «a la marcha», por citar una antigua canción bruijeril, brincar, girar entre pasos, coger las manos de los compañeros o mirar primero a un lado y luego al otro, haciendo que la cabeza se una a la danza, por así decirlo. Este baile es único para crear energía y unidad, y es una forma de expresar el giro de la rueda del año. 

Por su mímica y ritmo del año, la danza del anillo también puede formar parte de la tercera categoría, a la que llamaré danza cósmica, pues los bailarines no sólo imitan los cambios de las estaciones, sino también el ritmo del mismo universo. La más importante de esta clase es la danza espiral, en la que los bailarines, que se mueven en círculo, avanzan en espiral hacia el centro y vuelven a salir. Este movimiento tiene varios significados. En primer lugar, imita el viaje espiritual desde realidad externa a la interior y luego el regreso necesario al mundo de la acción desde el de la contemplación. Representa la muerte y el renacimiento, así como las fases de la luna. Es realmente la expresión en danza de la naturaleza cíclica y del universo y la vida. 

Este movimiento hacia el centro y luego hacia la periferia de un círculo ha sido importante en diversas culturas. Lo vemos expresado en el diseño de los laberintos, donde hay que efectuar la misma clase de trayecto. Es posible que en su origen todos los laberintos fuesen circulares, pero con el tiempo su significado religioso se perdió y se convirtieron simplemente en juegos y diversiones para quienes visitaban las fincas de los ricos. Más tarde se transformaron en juegos de mesa y rompecabezas para los niños. La espiral se encuentra también en los diseños que adornan los mosaicos y las telas en muchas culturas, y está delineada en el interior de las cúpulas de muchos templos. Incluso se podría discutir si las cúpulas y bóvedas de los edificios religiosos en países de todo el mundo no estarán relacionadas con el simbolismo espiral.