La Religión Wicca

Un grupo de personas se reúne en una colina arborizada, al lado del río Missouri. Las estrellas titilan y res­ plandecen alrededor de la Luna llena en la parte más alta de los árboles que circundan el lugar. En medio de los anti­ guos robles, las luciérnagas zumban y hacen destellar sus luces espectrales. El aire de la noche todavía está calmado.

Cuarenta personas rodean una resplandeciente hoguera, cogidos de las manos, centran su atención en la mujer que se encuentra frente al fuego. Dejando ver apenas su silueta por efecto de las llamas que saltan, ella empieza a ejecutar una invocación a la diosa.

Las palabras, que al principio son muy suaves y se van haciendo cada vez más fuertes y más claras, brotan de sus labios diciendo: "Diosa de la Luna. Tú, la que tienes todo el poder; nos reunimos aquí en esta noche de Luna llena para rendirte un homenaje" .

Las ramas se quiebran en medio del fuego de la hoguera. "Dios del Sol, el magnífico. Tú, posees todo el poder..."

La invocación termina. La mujer levanta sus manos hacia el cielo, al tiempo que el grupo empieza a moverse en círculos, en el sentido de las manecillas del reloj y a un ritmo lento.

Las personas que están ahí -algunos vestidos con mantas encapotadas para cubrirse la cabeza y otros en traje de calle- aligeran el ritmo de sus pasos. Cantu­ rrean en un tono bajo y monótono; sus palabras son incomprensibles al principio.

La madera cruje. Los rayos de la Luna van decayendo. Los pies descalzos se mueven en medio de la maleza. Ahora el movimiento es rápido. Cada vez más rápido. El grupo, prácticamente vuela alrededor de la hoguera y la mujer se para en medio de ellos mientras que todos diri­ gen sus mentes hacia su propósito específico.

Después de un rato, la mujer ordena detenerse. Instan­ táneamente el grupo se detiene y sus miembros, en forma simultánea, señalan con sus manos hacia la silueta de la mujer. Ella resplandece, irradia, se estremece y dirige la energía que han proyectado entre todos hacia ella, hacia la diosa, quien está representada a través del orbe bri­ llante en el cielo.

Completamente agotados, el grupo se sienta sobre la tierra. Mientras observan el fuego, hablan, se ríen y pasan vino y pedazos de torta en forma de media luna para beber y comer. El ritual ha finalizado.

La magia popular es solamente la mitad de lo que se conoce con el nombre de brujería. La otra mitad es la religión conocida como Wicca. Hay al menos cinco aspectos importantes por los cuales la Wicca se diferencia de otras religiones. Estos son:

- Adoración de la diosa y del dios.

- Reverencia por la tierra.

- Aceptación de la magia.

- Aceptación de la reencarnación.

- No hay participación en actividades proselitistas.

Los practicantes de Wicca veneran a la diosa y al dios. Según su punto de vista, las religiones occidentales actual­ mente están fuera de equilibrio. La divinidad se refiere normalmente a dios (en oposición directa a la diosa). Dios padre es un término común. El concepto de varón "salvador" que desciende directamente de las divinidades masculinas, es bastante difundido inclusive por fuera del cristianismo. Los representantes de estas organizaciones -sea en condición de oficiales, religiosos, sacerdotes o ministros- son usualmente masculinos, aunque esta situación ya está cambiando poco a poco. Para resumir, la religión contemporánea de Occidente enfoca buena parte de su atención en la masculinidad.

Los practicantes de Wicca son diferentes. Ellos ven la naturaleza como una manifestación de lo divino, por esta razón es que sostienen que una divinidad masculina vene­ rada sin una deidad femenina es, en el mejor de los casos, efectiva solamente en un cincuenta por ciento. Los dos sexos existen en la naturaleza. Si la naturaleza es una manifestación de la divinidad, entonces la divinidad tam­ bién se manifiesta en formas masculinas y femeninas. Por lo tanto la práctica actual de la Wicca, normalmente (aunque no siempre), está centrada en venerar a la diosa y al dios, a los dos -no al uno, ni al otro por separado-.

A pesar de que este concepto puede parecer sorprendente en el mundo de hoy, ciertamente no constituye algo nuevo. Las religiones antiguas están llenas de divinidades de ambos sexos y hoy en día las religiones de muchas par­ tes del mundo están en concordancia con este concepto.

Es así como Wicca es una religión basada en la venera­ ción de estas dos divinidades: la diosa y el dios. Con mucha frecuencia, se han llegado a considerar como energías gemelas o manifestaciones no físicas del poder, aspecto que ya fue discutido en la primera parte de este libro.

La religión Wicca está en total armonía con las prácti­ cas y principios de las antiguas religiones. Esto no significa que constituya un paso hacia atrás. La Wicca ha transformado su estructura para hablar el lenguaje de estos tiempos. Tampoco es una bofetada al cristianismo o a cualquier otra religión contemporánea basada en la masculinidad. La Wicca es una religión alternativa y que satisface a sus adeptos.

La tierra es un organismo viviente, un regalo de las divinidades. Otras religiones predican que la tierra es un mundo de ilusión; un lugar donde se acumulan créditos que serán cobrados después de la muerte o, simplemente, un instrumento que los humanos pueden y deben "domi­ nar y someter". Los practicantes de Wicca, en contraste con esos pensamientos, respetan la tierra.

Muchos miembros de la religión Wicca pertenecen a organizaciones o grupos ecológicos dedicados a detener el sacrificio irracional de animales para el embellecimiento de los seres humanos; también pueden promover la elimi­ nación y el uso de los reactores nucleares, los cuales tienen la capacidad real para causar muchos más perjuicios que beneficios; además se oponen contra quienes derriban árboles y cubren acres de tierra con concreto y asfalto en nombre del desarrollo.

Como ellos ven la tierra como una manifestación de la diosa y del dios, los practicantes de la Wicca se interesan por su bienestar: prestan su energía humana para ayu­ darla a recuperarse de los estragos que la humanidad ha causado sobre ésta. En este sentido, Wicca es en verdad una religión de la tierra.

La magia, como hemos visto, juega algún papel signi­ ficativo en la mayoría de las religiones. La religión Wicca le ha dado un lugar más prominente. La Wicca no es una magia religiosa, aunque sus seguidores ciertamente la practican; tampoco es una religión mágica. La Wicca es una religión que utiliza la magia y la recibe como una oportunidad para armonizar con lo divino, con lo terre­ nal y con las energías humanas.

Debido a que la Wicca es verdaderamente una reli­gión, la magia asume un papel secundario en sus rituales.

Aun si el rito es realizado con un propósito mágico específico, la diosa o el dios siempre son invocados antes de que el poder sea enviado.

Los aspectos mágicos de la Wicca confunden a los aje­ nos a la misma tal vez porque en la mayoría de las otras religiones se considera que solamente sus sacerdotes o predicadores son capaces de, para decirlo en una sola palabra, canalizar las energías divinas. La Wicca no es tan exclusiva; ella entiende la magia como una parte natural de la vida y de la religión.

La reencarnación es una antigua doctrina que la mayoría de los seguidores de la Wicca admiten como cierta. Básicamente la reencarnación es la doctrina del renacer -el fenómeno de repetidas encarnaciones en la forma humana para permitir la evolución de la asexual y eterna alma humana-.

Mientras que la teoría de la reencarnación no se consi­ dera como un concepto exclusivo de los practicantes de Wicca, sí es aceptada por ellos debido a que ésta responde a muchas preguntas de la vida diaria y ofrece explicacio­ nes a fenómenos místicos tales como la muerte, el nacer, y el karma.

Algunos dicen: " ¿Reencarnación? ¡Bah! ¡Son sola­ mente tonterías orientales!" . Es verdad que la reencar­ nación es más conocida como una doctrina originada en lo que hoy conocemos como India, sin embargo, la idea misma es probablemente tan vieja como la existen­ cia humana.

Una semilla cae sobre la tierra, brota y se abre a la vida, las hojas se despliegan, los retoños crecen y se revientan en flores, las semillas caen a la tierra, la planta se debilita y muere, pero en la próxima primavera otra planta se levantará del suelo.

La doctrina de la reencarnación puede haberse origi­ nado en la observación de los procesos de la naturaleza, tal como el anterior; pero aquellos que lo han aceptado como una realidad, incluyendo a muchos practicantes de la Wicca, lo han encontrado como reconfortante.

La quinta principal diferencia entre la Wicca y la mayoría de las religiones es que ésta no es proselitista. Nunca una persona es presionada para convertirse en practicante de la Wicca. No existen amenazas de eternos fuegos en el infierno ni de condenación, ni tampoco existe la retribución por no practicar la Wicca.

La diosa y el dios no son individualidades celosas y los practicantes de la Wicca no son asustados ni sometidos por ellos. Los candidatos que se inician (de lo cual se hablará con más detenimiento en el capítulo nueve) no son censurados o rechazados por sus antiguas creencias. La Wicca no es un culto lava cerebros ni un controlador humano enmasca­ rado en forma de religión.

Los practicantes de la Wicca no reclutan nuevos miembros. No existen misioneros de la Wicca, no existen "testigos" ni grupos de enganche de la Wicca.

Esto puede ser sorprendente para aquellos que pertenecen a las organizaciones de religiones ortodoxas, pero se basan en su válido y verdadero concepto, el cual es la antítesis de la mayoría de las doctrinas religiosas.

No hay una religión correcta para todos los seres humanos.

Tal vez no sea correcto decir que la más elevada forma de la vanidad humana es asumir que su religión es el único camino a dios -que todos la encontrarán tan satisfactoria como usted lo concibe y que aquellos que tengan creencias diferentes están engañados, descarria­ dos o simple y llanamente son unos ignorantes-.

Es entendible el por qué la mayoría de las religiones y de sus seguidores piensan así, como también por qué participan en la conversión de las masas. Al encontrar más participantes en sus creencias, restablecen la autenti­ cidad de su fe. Algunos miembros de las religiones orto­ doxas están más preocupados por el alma de los no cre­ yentes, pero esto se basa, más que en cualquier otra cosa, en su religión de enseñanzas intolerantes.

Otro aspecto de la proselitización está relacionado directamente con la política. Si la religión "A" convierte al país "B", ésta incrementa su poder político y finan­ ciero en ese país. Lo mismo ocurre, de manera verídica, con las personas de importancia. Las religiones ortodo­xas tienen influencia de mucho alcance en las esferas del gobierno y las finanzas. Los candidatos políticos respal­ dados por las principales religiones son frecuentemente elegidos y luego proponen legislaciones que apoyan el

interés de esa religión. Todo esto puede ser malicioso (los votantes pueden no saber la verdadera razón o el verda­ dero alcance de los vínculos entre el candidato con la organización religiosa) pero los efectos son los mismos.

El dinero es también un poderoso incentivo para tener una cobertura sobre todo el mundo. Actualmente, las religiones organizadas en los Estados Unidos obtienen billones de dólares libres de impuestos cada mes. Es cierto que parte de este dinero es gastado en causas cari­ tativas, pero la mayor parte del mismo va directamente a la burocracia del credo, llenando las cuentas de ahorros de los particulares que lo manejan. Así que entre más adeptos existan, mayor será la cantidad de dinero.

La Wicca en realidad no es así; no está organizada con este propósito. Los grupos nacionales existen pero es, principalmente, por razones sociales y, algunas veces, legales. Las reuniones generales de los miembros de la Wicca pueden atraer a cientos de personas, pero las con­ gregaciones locales generalmente cuentan con menos de diez miembros y muchos de ellos practican su religión de manera aislada, es decir, sin estar afiliados a ningún grupo en particular.

Los practicantes de la Wicca no constituyen ninguna institución financiera ni tratan de convertirse en una de ellas. Los principiantes no pagan dinero para iniciarse. Sí existen pequeñas tarifas que son similares a las cuotas que bien podrían ser solicitadas en cualquier grupo para pagar los materiales, los refrigerios, etc.

Así que las historias de los practicantes de la Wicca (léanse brujas) pertenecientes a una organización mun­ dial con el propósito de gobernar el mundo, son falsas, como también lo son las mentiras acerca de los miem­ bros de la Wicca que tratan de coaccionar a otros para formar parte de su religión.

No se preocupe. Los practicantes de la Wicca no están rondando por las calles tratando de forzar al pequeño Juan para unirse a una determinada congregación, o para estafar a la tía Sara para robarle los ahorros de toda su vida.

Ellos están contentos de practicar su religión a su estilo propio -ya sea de manera individual o con unos cuantos más- y están conscientes de las diferencias entre la Wicca y las demás religiones, así como también de la meta definitiva y última de todas ellas: la unión con dios.