Qué es una asamblea de brujos

La asamblea es un grupo de brujos que se reúnen y trabajan juntos. Es tradicional que la asamblea esté formada por trece personas, pero esto no significa que toda asamblea deba cumplir con esa regla. El número trece es también simbólico. Según una superstición popular, el propósito es pa-rodiar a los trece formados por Cristo y sus doce discípulos. Esa es una idea absurda, pues la brujería existía mucho antes del cristianismo, así como el significado del número trece. En uno de sus aspectos, la diosa es Diana, diosa de la luna, y hay trece lunas en el año. En los tiempos del

Imperio romano, la fiesta de Diana tenía lugar el 13 de agosto. Rómulo el fundador de Roma, tenía doce compañeros. Según ciertas fuentes el, rey Arturo presidía la mesa redonda a la que se sentaban doce caballerOs Al caballeros. Carlomagno le apoyaban doce paladines. En algunas ver: siones, la banda de Robin Hood estaba formada por doce hombres y una doncella. El sistema jurídico británico establece que un hombre debe ser declarado inocente o culpable por «doce hombres buenos y rectos» pre-sididos por un juez. A título de curiosidad, diremos que se llama «doce-na de fraile» a un conjunto de trece cosas. En realidad, muchas asambleas de brujos no llegan a trece personas y, desde luego, no siguen la tradición según la cual deben ser seis hombres, seis mujeres y un varón dirigente. Esta tradición podría derivar de la mi-tología escandinava, en la que el dios Odín presidía en un grupo de seis diosas y seis dioses. El trece es también un número práctico, pues, como sucede en un grupo de estudio o un seminario, cuanto mayor sea el gru-po, menor será la eficacia de la comunicación entre sus miembros, y por ello en la brujería resulta muy difícil que un gran número de personas compartan y proyecten exactamente la misma emoción y propósito. Todos los grupos necesitan alguna clase de organización. Así pues, las asambleas de brujos son «dirigidas» generalmente por una mujer y un hombre, que reciben los nombres de sacerdotisa (o suma sacerdotisa) y sumo sacerdote. Hay asambleas que prefieren usar términos más anti-guos y les llaman doncella y maestro, Robin y Marian, o les dan otros tí-tulos. Sin embargo, el sistema no es rígido. Los «líderes» de una prácti-ca o ritual determinado pueden cambiar de vez en cuando, de acuerdo con la situación. Cuando una asamblea alcanza el número de trece miem-bros, se pide a uno de ellos que vaya a iniciar otra asamblea. Suele tra-tarse de una persona experimentada, que a menudo ha actuado como suma sacerdotisa. En ocasiones se llama reina o rey a la suma sacerdoti-sa o sumo sacerdote que han organizado y puesto en funcionamiento va-rias asambleas, pero es un mero término honorífico que no conlleva la menor autoridad o poder. La asamblea se reúne en todos los aquelarres y, Con menos regulari-dad, cuando hay luna llena. Normalmente tiene un lugar de reunión de-terminado. Parece ser que en el pasado era al aire libre, en un páramo o un brezal, aunque cabe preguntarse cómo se las arreglaban cuando el tiempo era demasiado inclemente. En la actualidad, algunas asambleas disponen de salas utilizadas sólo para las reuniones, y suelen recibir el nombre de santuarios o capillas, pero muchas se reúnen en las casas de sus miembros. La mayoría de las asambleas se reúnen para estudiar, lle-var a cabo rituales y prácticas de magia, y muchas tienen bibliotecas cu-yos libros pueden tomar en préstamo los miembros. En cualquier asam-


blea es probable que haya especialistas en uno u otro aspecto de la bes. ría, de modo que se cuenta con pesonas a las que recurrir para tratar cu-ael: quier problema que se presente. Existe la suposición popular de que los brujos se reúnen en los ce-menterios y bailan alrededor de las tumbas. En Europa, la mayoría de las iglesias se construyeron en terrenos utilizados para reuniones brujerfies, y por eso no era infrecuente que los brujos siguieran utilizando el terreno alrededor de las iglesias para sus reuniones, en las que normalmente bai-laban. Sin embargo, los terrenos que rodeaban a las iglesias no fueron utilizados como cementerios, en la mayoría de países, hasta el siglo xvll, por lo que la presencia de brujas no tiene nada que ver con la elección de cementerios como lugares de encuentro por parte de las brujas. A menu-do se eligen lugares con altos niveles de energía, tales como círculos per-manentes y lugares donde se encuentran las aguas subterráneas o se ele-van hasta formar un manantial o un pozo. Los llamados «pozos sacros» solían ser lugares escogidos para las reuniones. En la actualidad, unos brujos estructuran sus asambleas más estricta-mente que otros. Algunos insisten en que los brujos deberían pasar por «tres grados» de brujería, idea tomada, casi con toda seguridad, de la tra-dición de los ocultistas, los cuales hacen hincapié en la progresión jerár-quica desde neófito hasta maestro. Algunos brujos han establecido sus grupos como «iglesias» legales, principalmente por motivos impositivos y para dar al grupo cierta categoría social y, por lo tanto, protección. Ciertas asambleas hacen una distinción rigurosa entre sacerdotes, sacer-dotisas y los que son considerados como estudiantes o llamados simple-mente fieles, pero, en general, la estructura de la sociedad brujeril es sencilla, práctica y sin distinciones de clases. Todos somos hermanas y hermanos en la btujería, cada uno con su propia especialidad y capacida-des, y no hay ningún alma que sea superior a otra. Las asambleas no anuncian sus reuniones. La brujería es una «reli-gión mistérica» y no se invita al público. Los brujos no hacen proselitis-mo. Es tan difícil recibir una invitación para presenciar la actividad de una asamblea como lo es recibir una invitación a uno de los festivales in-vernales de danza de los indios kwakiutl o haida de la Columbia británi-ca, pues la suya es también una religión mistérica. Sin embargo, en oca-siones hay grupos de personas que se autodenominan brujos que invitan al público a asistir y tomar parte en sus rituales, en general previo pago. Se hacen invitaciones públicas a formar parte de asambleas. Es muy di-fícil creer que quienes organizan tales cosas sean verdaderos miembros de la religión primitiva.