Los Elementos

Los seres humanos han alimentado sus creencias mágicas desde antes del comienzo de la historia. Una de las creencias predominantes es que ciertos componentes básicos, llamados elementos, residen en el núcleo de toda creación, y que todas las cosas contienen las propiedades de uno o más de esos elementos. Se cree que cada cosa que existe en la creación tiene un elemento principal que rige o gobierna sus características internas y externas por encima de todos los demás.

Esas enseñanzas elementales figuran entre las primeras lecciones que se enseñan a los recién llegados a la brujería. Al principio este sistema de correspondencias que confiere sus características a los elementos puede resultar confuso. El ultimo erudito escocés Wicca escribió́ que «es imprudente considerar a los cuatro elementos en términos puramente embargo, cuando comenzamos a analizar las herramientas tradicionalmente asociadas con ellos, nos encontramos con cosas que son físicas y parecen ser representativas de los aspectos más físicos de cada elemento. Lamentablemente, cuando hablamos de lo metafísico, no tenemos más opción que hablar con metáforas concretas y materiales. Los humanos somos seres corpóreos y a nosotros nos resulta fácil referirnos a esas descripciones físicas. Desgraciadamente, este problema semántico ha causado numerosas dificultades a los estudiantes de lo esotérico, y también a muchos nuevos paganos.

Al conocer las propiedades elementales de cada objeto y conocer cual es el elemento que lo regía, nuestros antepasados descubrieron que podían conectar con toda la creación en un nivel intimo, utilizando esa conexión para ganar conocimiento espiritualmente avanzado y manipular las cosas para trabajar a voluntad. En otras palabras, podían usar los elementos para hacer magia. Esta creencia fue bien resumida en el siglo XVI por el ocultista Cornelio Agripa:

Hay cuatro elementos de los que se componen todos los cuerpos inferiores elementales; no por el método de reunirlos, sino por la transmutación y unión; y cuando son destruidos, se descomponen en elementos. Por consiguiente, no hay ninguno de los elementos sensibles que sea puro, sino que son más o menos mixtos, y aptos para convertirse uno en el otro. Y esté es el origen y el fundamento de todos los cuerpos, naturalezas, virtudes y obras maravillosas; y quien conozca estas cualidades de los elementos, y sus combinaciones, realizará fácilmente cosas maravillosas y sorprendentes, y será́ perfecto para la magia.

Los elementos son la tierra, el agua, el fuego y el aire. Como sos tiene Migene Gonzáles Wippler: Estos elementos y sus están en el origen de toda materia y se extien d en más allá́ del reino del espíritu.

Puesto que son parte de toda creación, existen en los mundos visible e invisible, aglu tinándose en un quinto «elemento» que conocemos como espíritu, que está en y se compone de todos los elementos. Esta unidad de los elementos en espíritu nos permite utilizarlos para atraer los poderes de los mundos invisibles hacia nuestro mundo físico, ¡una definición de magia en su forma más básica! Los brujos experimentados saben que en última instancia la magia tiene lugar en la mente, pero nosotros también sabemos que de alguna manera tiene que traducirse en el mundo físico para que se diga que tiene éxito. Se sea o no consciente de ello, son esos elementos los que utilizamos para tejer el tapiz de la realidad desde las profundidades de nuestra imaginación.

No sólo podemos atraer energía universal, o divina, a través de los elementos utilizando sus poderes para crear realidad manifiesta a partir de las formas de pensamiento que proyectamos hacia el mundo invisible, sino que también podemos ascender hasta ellas para alcanzar el reino espiritual a través del mundo de lo divino, un arte antiguo que llamamos misticismo. Al ascender a través de los aspectos cada vez menos densos de los elementos finalmente podemos llegar a la cabeza de Dios, una metáfora para ese estado de unidad con el creador que los místicos han buscado con diligencia desde que la humanidad reconoció́ la existencia de una fuerza creadora superior a nosotros mismos.

La gran atracción de los elementos es saber que forman parte de todo lo que existe, lo cual reduce todo a fragmentos manejables que pueden analizarse con facilidad para ayudarnos a entenderlos y utilizarlos mágicamente. Los seres humanos no estamos exentos de esta pauta de creación. Los elementos también son parte de nosotros; analizando la manera en que cada uno de ellos manifiesta sus características en nuestras personalidades, salud y formas de pensar, podemos aprender a conocernos mejor. Cuando sabemos cuales son los elementos que nos faltan o que predominan demasiado, estamos en condiciones de trabajar para corregir esos desequilibrios con el objeto de mejorar todos los aspectos de nuestra vida interior y exterior.

En los rituales y en la magia de los brujos modernos se honra a los elementos invocándolos para que sean testigos de nuestras círculos, utilizándolos como catalizadores para los hechizos cuando la necesidad u objetivo está regido por un elemento determinado y puede ser contactado para contribuir a llenar los: vacíos y las brechas en nuestro yo interior. En los altares Wicca se colocan las herramientas que representan a cada uno de los elementos para simbolizar equilibrio y armonía y para ayudarnos a sintonizar con sus poderes y atributos.

En las recopilaciones mitológicas de la mayoría de las culturas pueden encontrarse escritos sobre los elementos y sus aspectos místicos y mágicos. A partir de esas historias, muchas de ellas basadas en las observaciones y prácticas espirituales de la antigüedad, los magos y los místicos de hoy en día tienen literalmente siglos de conocimiento elemental al que pueden recurrir para ayudamos a entenderlos y a trabajar con ellos. Pero tener un conocimiento a partir de la lectura no es suficiente si deseamos alcanzar el potencial mágico pleno que ofrecen. Tener mas que ahondar más y levantar el velo de misterio que separa nuestra conciencia física de lo universal, y literalmente Adentrarnos en el mundo donde viven y gobiernan los elementos.

Algunos brujos cometen el error de pensar que los elementos son meramente esencias de algo espiritual, en lugar de considerarlos entidades sensibles y espirituales por derecho propio. El mismo hecho de que cuando formamos nuestros círculos de contención y protección invocamos a los seres elementales de cada cuadrante direccional debería revelamos el hecho de que esas entidades son reales y no fantasías de la imaginación mágica. Agripa se refiere a esta sensibilidad como el alma de los elementos, el espíritu interior que subyace en todos los seres que quieren crear y desean conectar su yo espiritual con todas las demás cosas vivas. Como todos los seres sensibles, los elementos están en condiciones de decidir sentir simpatía por nosotros, amamos u odiamos, y pueden concedemos o negarnos sus favores, dependiendo de su opinión sobre nuestros méritos para poseer esos dones.