La Divinidad en la Wicca

Decenas de miles de personas de todas las condiciones sociales armonizan con divinidades relacio­nadas con la Tierra, con el Sol y la Luna, con el mar y con los vientos.

Muchas de estas personas se adhieren a la Wicca y al hacerlo encuentran una religión que expresa sus ideales. Los rituales, los símbolos, los instrumentos, las cancio­nes y las danzas sirven para homenajear a los dioses. La magia se usa para crear un fundamento común donde los humanos realizan sus relaciones con lo divino. Sin embargo, una relación personal con la diosa y con el dios es la finalidad de la Wicca.

Los dioses son conocidos con una gran cantidad de nombres; la mayoría de ellos obtenidos de antiguas reli­giones, nombres británicos, egipcios, griegos y roma­ nos son usados frecuentemente. 

La Diosa

La Diosa es la fuerza femenina; esa porción del último recurso de energía que creó el universo. Ella es toda mujer, toda fertilidad, todo amor.

En la Wicca ella es la que está, tal vez, más estrecha­ mente asociada con la Luna; esto no significa que los practicantes de Wicca veneran a la Luna, sino que ellos simplemente la ven como un símbolo celestial del poder, tanto de forma evidente como de forma no evidente, de la diosa. Algunos practicantes de Wicca llaman a la Diosa Diana en su aspecto lunar. La mayoría se reúnen para venerarla en las noches de Luna llena de cada mes.

Ella es a menudo asociada con la tierra. El planeta entero es una manifestación de la energía de la Diosa. Un ejemplo lo constituye los poderes de la madre naturaleza. Los practicantes pueden venerarla en este aspecto como Gaea, Demeter, Astarte Kore y con muchos otros nombres.

La Diosa está inexorablemente vinculada con las muje­ res en general. Antiguamente el parto, la menstruación y otros misterios de las mujeres eran celebrados con rituales religiosos. Inclusive, en la actualidad, muchos grupos feministas de la religión de la Wicca realizan estos rituales.

En verdad, el renacimiento de la veneración a la Diosa durante los últimos años ha tenido en general una dra­mática influencia: las mujeres occidentales, a quienes les ha sido negado por largo tiempo el aspecto femenino de la divinidad (salvada, exclusivamente, por la disimulada veneración de María en la iglesia católica), han encon­ trado una relación estrecha con la diosa.

En la actualidad muchas mujeres están involucradas en la política en busca de la bien merecida igualdad en la sociedad. Otras están activas en campañas antinucleares; algunas están orientadas por una divinidad femenina y no invocan a dios en sus rituales.

Este es el resultado de miles de años de la orientación masculina en la religión.

Tal vez la mayoría de los practicantes de Wicca cono­ cen a la Diosa en tres aspectos correspondientes a los tres estados de vida; estas son la doncella, la madre y la arpía. La declaración de la Diosa que precedió estas pala­bras, tuvo en cuenta, ampliamente, estas etapas.

El triple aspecto también se relaciona con las fases de la Luna. La doncella corresponde a la Luna nueva. La madre a la Luna llena y la arpía (también llamada la bruja o la abuela sabia) a la Luna menguante.

Los miembros de la Wicca perciben a la Diosa en el diario vivir. El nacimiento de una idea nueva o las flores que abren sus capullos, son vistas como manifestaciones provenientes de la abundancia de la Madre Tierra. El proceso de iniciación del embarazo y el nacimiento tam­bién están ligados con la diosa.


El Dios

El dios es la fuerza masculina, es la otra mitad de la principal energía divina conocida por los practicantes de la Wicca. Él es todo hombre, todo fertilidad, todo amor

En Wicca, el dios es representado por el Sol. En el pasado, antes de descubrirse que la inclinación del eje de la tierra era la causa, se creía que las estaciones eran crea­ das por la variación del calor del Sol. En la actualidad en Wicca aún relacionan al Sol con la llegada de la prima­ vera, del verano, del otoño o del invierno.

Los miembros de la Wicca celebran el cambio de las estaciones con rituales específicos.

Estos "días de poder", o aquelarres (Sabbats), ocurren ocho veces al año. Ellos marcan las estaciones, la cambiante fertilidad y los patrones climáticos de la tierra.

Aunque el Sol y el dios, todavía son (simbólicamente) vistos como los generadores de estos cambios, ambas divinidades son veneradas en estos tiempos. Muchos practicantes de la Wicca identifican la comida con el dios. La comida es un producto de la fertilidad de la Diosa y de la unión con el dios, es así como él es padre e hijo.

La cosecha, que tradicionalmente coincide con la lle­ gada del otoño, es una época del sacrificio de dios "sobre la hoz del tiempo" como lo expresé en el anterior pasaje. Ésta es señalada como un ritual de la Wicca en honor a la Diosa y al dios.

El practicante de la Wicca también ve a dios en el inhóspito bosque, en sus viejos árboles, en la enredada vegetación y en los indómitos animales, en particular en los animales cornudos como el venado y el toro, los cua­ les están vinculados con el dios. Los cuernos fueron antiguos símbolos de divinidad, por ello el dios es algunas veces mencionado como el cornudo" .

Algunos miembros de la Wicca emplean el rol de la muerte sobre el de dios, tal vez por su transición simbó­ lica que ocurre cada otoño. Mientras el dios trae la muerte, la Diosa da origen a todos los alimentos y a la fertilidad, trae nueva vida a través del fenómeno de la reencarnación.

En el pensamiento Wicca, la Diosa y el dios son los seres divinos gemelos: comparados como expresiones iguales del esencial origen de todo. Este irreconocible e incomprensible origen es el que ha sido venerado dentro de todas las religiones desde el comienzo del pensa­ miento espiritual.

Para aclarar el principal concepto erróneo referente a las divinidades de la Wicca (brujas), unas pocas palabras son ciertamente apropiadas aquí.

Los practicantes de Wicca no veneran al diablo.

Asombrosamente, ésta es una falsedad muy común vigo­ rosamente promovida por los evangelistas en la televi­ sión y resultaría absurdo si tales afirmaciones no hubie­ ran sido la causa de muchos errores.

Los practicantes de la Wicca no son anticristianos o defensores de los cristianos. Al igual que millones de seres humanos, los miembros de esta religión simplemente no son cristianos, tampoco son individuos locos atacando a otras religiones, ni están ofendiendo a los cristianos dese­ osos de venerar su particular concepto del mal.

Como se ha discutido en este capítulo, los representan­ tes de la Wicca veneran a la diosa y al dios. Los ajenos a la religión Wicca -aquellos con algo que ganar- pue­ den y ciertamente lo hacen, interpretar esto en sus pro­ pios términos: "Caramba ellos no veneran al dios verda­ dero, ¡son satánicos!" .

Este mismo pensamiento llevó a los primeros cristia­ nos a creer que los africanos, europeos, gente nativa de América, polinesios, aborígenes australianos y muchos otros grupos culturales que no estaban convertidos eran adoradores del diablo, porque no eran cristianos y tenían costumbres diferentes. No eran humanos. Esto originó el o exterminio de poblaciones y el inimaginable concepto de la esclavitud.

Este concepto retrógrado todavía permanece vivo entre cristianos menos conscientes. Ya he discutido el peligro de asumir que una religión es el único método genuino de contactar a dios, así que no reiteraré sobre esto aquí, pero lo mencionaré para explicar por qué razón los practicantes de Wicca (y los brujos) son consi­ derados satánicos.

Ellos no lo son. Son sencillamente miembros de una religión diferente. Muchos, pero muchos humanos han encontrado comodidad al armonizar con su concepción de lo divino, así también la han encontrado muchos practicantes de la Wicca.

Todas las religiones tienen un ideal en su mente: unir a sus seguidores con dios. La religión Wicca no es diferente.