La Ética de la Wicca

La magia es poder y, como cualquier otra forma de poder personal, puede abusarse de él. A veces las tentaciones son grandes, pero quienes nos llamamos Wiccanos nos adherimos a un sistema espiritual que reconoce que estamos conectados a las demás cosas vivientes y no podemos permitirnos caer en el abuso de poder sin sufrir lo mismo.

Dentro de la Wicca buscamos vivir nuestras vidas en equilibrio con toda la creación. Esto es lo que hace más poderosa nuestra magia. Cuando estamos en equilibrio, nuestras energías personales vibran con las del universo; al ser uno con ellas, podemos servirnos de sus recursos con más facilidad. Cuando rompemos ese equilibrio enviando energías negativas a lo largo de la rueda de la vida, alteramos el movimiento de la rueda y esta comienza a bambolearse. Finalmente las vibraciones que genera ese bamboleo se revierten en contra de nosotros y lo pagamos caro. Por consiguiente, el desequilibrio atraerá desequilibrio.

Las religiones paganas, incluida la Wicca, son religiones individualistas. Las decisiones últimas acerca de que pensar, como comportarse y como vivir residen dentro de cada uno de nosotros. No hay excomunión y ningún tribunal eclesiástico nos juzga. No hay nadie en quien descargar la culpa en caso de que algo vaya mal. Aun cuando forme parte de un aquelarre, usted, y sólo usted, sigue siendo responsable de la clase de energía mágica que aplique a esa rueda, puesto que sólo usted soportará las consecuencias de sus elecciones.

Existen algunas reglas que rigen las acciones de un Wiccano, pero hay una principal que regula nuestro código ético llamada ¨La Rede Wicca¨ y establece:

¨Mientras no dañe a nadie, haz lo que quieras¨.

Tenemos la libertad de hacer todo lo que elijamos, mágica o personalmente, en la medida en que, estemos seguros de que nuestros esfuerzos y acciones no causen daño a nadie. Este «a nadie» incluye a otras personas, espíritus, animales y a nosotros mismos. No podemos emprender acciones, aunque sean bien intencionadas, que infrinjan el libre albedrío de otro. No poder nos tratar de manipular a alguien o buscar obtener poder sobre él, y tampoco podemos imponer nuestra magia positiva sobre una persona sin su autorización expresa para hacerlo.

Los Wiccanos no somos perfectos como tampoco lo es la gente de las demás religiones y a veces rompemos este código ético en forma accidental o a sabiendas. Cuando lo hacemos, debemos estar preparados para asumir las consecuencias de nuestras acciones. En nuestro sistema espiritual no hay ningún infierno al que nos arrojarán como castigo; ésa no es una retribución apropiada para alguien que está en el camino de la auto-responsabilidad. En cambio, recibimos la absolución de acuerdo con lo que conocemos como la Ley de la Triplicación. Esta Ley nos dice que todas las energías que emitimos, ya sean positivas o negativas, recaerán sobre nosotros triplicadas. No se trata de una táctica del miedo creada para que el creyente observe las reglas. Es simplemente el resultado natural de vivir en la rueda de la vida. No podemos escapar de ella. Sólo debemos tomar lo que damos y recoger lo que sembramos cuando el ciclo pasa por nuestro camino.

En contra de las opiniones dominantes, los términos magia negra y magia blanca no son populares entre los brujos modernos. Estos términos implican que todas las acciones pueden clasificarse fácilmente en buenas y malas. Si esto fuese tan sencillo, entonces la ética mágica no ocuparía tanto espacio en los libros de magia o en las enseñanzas particulares transmitidas de un brujo a otro. Nada en la vida está definido de manera tan inequívoca; ¿por qué debería ser diferente en la magia?

En algún lugar a lo largo del viaje alguien acuñó́ el termino magia gris para referirse a ese estado confuso entre el bien y el mal. Sin embargo, este termino es insatisfactorio porque generalmente se interpreta como que se refiere a una magia que no es totalmente buena pero que alguien quiere hacer de todos modos, esperando que la porción de mal sea tan pequeña como para que no importe mucho cuando sea devuelta triplicada.

Como ejemplo de magia gris suele citarse el caso de la magia curativa realizada por alguien que la necesita pero a quien no se e ha dado autorización para ello o nunca la solicitó. Lo racional es que el brujo que quiere hacer el hechizo tenga sinceramente las mejores intenciones hacia la persona enferma, y con toda seguridad es así́ como debe actuar la magia buena.

¡Falso!

Toda vez que viola el libre albedrio está haciendo uso de los aspectos negativos del poder mágico. He oído a brujos novatos sostener repetidamente que si están enviando buenas intenciones, aunque sea sin autorización, entonces solo recibirán a cambio buenas intenciones.

¡Nuevamente falso!

Si la magia no es algo querido, aun cuando sea bien intencionada, lo que vuelva a usted no será positivo. Bajo ninguna circunstancia es aceptable entrometerse en la vida de los demás. Esto es una total violación del libre albedrio y sólo puede denominarse manipulación Lo que recibirá́ a cambio de sus esfuerzos no son buenas intenciones sino una descarga triplicada de manipulación y violación de su propio libre albedrio.

Cuando se aplican a los hechizos, estas etiquetas de colores sólo sirven para enturbiar el pensamiento mágico. No existe negro, blanco o gris. Hay un solo poder mágico virgen. No tiene ningún carácter moral y podemos utilizarlo a nuestra voluntad. 

En lo que concierne a la ética de la magia, puede resultar demasiado fácil caer en la falsa sensación de seguridad. En sus primeros esfuerzos puede traspasar la línea de «no hacer daño a nadie» y, aunque está preparado para el contragolpe, descubre que no sucede nada. Por consiguiente, vuelve a traspasar la línea y a esperar. Sigue sin suceder nada. Después de eso usted se llena de petulancia y piensa que esos brujos viejos que trataban de enseñarle no sabían de qué hablaban, y quizá́ solo querían mantener todo el poder jugando a su favor, En primer lugar, la retribución negativa no se administra como una pelota de tenis que se hace rebotar contra una pared de ladrillos. No hay ningún rebote instantáneo. Parece que lo que más le gusta a la rueda de la vida es golpear directamente al rostro de la complacencia en su apogeo. Como dijo una vez mi maestra, confíe en que finalmente alguien llamará a su puerta para decirle que llegó la hora de pagar. En segundo lugar, quizá́ ni siquiera se dé cuenta de los bajones que indican que ha llegado la hora de pagar cuando solo esta empezando. Simplemente no habrá́ desarrollado las habilidades mágicas para ejercer la presión suficiente sobre el elástico de la rueda para hacerla retroceder hacia usted con una fuerza perceptible. Cuando desarrolle sus habilidades y sea capaz de enviar mayores energías hacia la rueda, mayores energías volverán hacia usted. Que sean positivas o negativas es cosa suya.