El Ritual Wicca

Un ritual se puede definir aproximadamente como un conjunto de acciones destinadas a alcanzar un fin determinado. Dichas acciones, que pueden ser formales o informales, son en definitiva una serie de ritos prescritos cuyo objetivo es imprimir un cambio decisivo en la psique y la mente del practicante. Y, cuando se combinan con la magia, el efecto final es una asombrosa y potente transformación. Realizar cualquier conjuro ritual nos pone en contacto directo e inmediato con las fuerzas creativas del universo. En el interior de un círculo ritual están presentes todos los elementos, al igual que las deidades lo están a través del tiempo y el espacio. Realizar magia con todas las herramientas ritual nos conecta más hondamente con el simbolismo inherente a cada palabra y acción.

El Círculo Ritual

La utilización ritual del círculo en prácticas religiosas y mágicas es muy antigua. La figura circular es un símbolo de consumación, eternidad y contenido. En la Wicca representa nuestra visión universal de que todas las cosas de la naturaleza, las estaciones, nuestras vidas, etc; son cíclicas, de que cada ser nace, muere y se regenera una y otra vez en un círculo temporal infinito.

En la Wicca, el círculo cumple tres funciones: la primera, proteger a la persona o personas que se encuentran en su interior de las fuerzas exteriores adversas que se sienten atraídas hacia las energías ascendentes; la segunda, contener dichas energías hasta que son dirigidas deliberadamente hacia su objetivo; y la tercera, delimitar un espacio entre los mundos de la materia y el espíritu, un lugar que se halla fuera de los confines de nuestra percepción normal de espacio y tiempo.

Los círculos se crean cada vez que son necesarios. Aunque por lo general permanecen invisibles, excepto para el ojo psíquico son siempre reales, por lo que sus límites deben ser respetados. En algunas tradiciones se secciona el circulo para crear una puerta a fin de poder entrar y salir del mismo, pero cuyo uso debe limitarse a situaciones muy excepcionales.

Con frecuencia, los neófitos que se inician en el paganismo no ven la necesidad de trazar un círculo, y se empeñan torpemente en realizar complejos hechizos y rituales sin utilizarlo. Se trata de un serio error, que sólo puede tener graves repercusiones si se insiste en ignorar su necesidad. Con la práctica lograrán aumentar sustancialmente sus habilidades energéticas por lo que sus elevados niveles vibratorios empezarán a atraer un creciente número de entidades que querrán acudir y nutrirse de ellos. Pero si descuidan la protección del círculo, se harán vulnerables a los ataques psíquicos, algo que raramente sucede pero que puede resultar grave.

Antes de construir un círculo, debería introducir en su área todos los objetos que necesitará para realizar su ritual. Aunque para muchos hechizos no es realmente necesario utilizar herramientas específicas, siempre es conveniente establecer un punto central, especialmente para los conjuros que se basan en la utilización de un determinado elemento. Si se está iniciando en el paganismo, todavía no habrá conseguido recopilar un gran número de objetos mágicos, lo cual es bueno: para que sus conjuros o hechizos sean realmente efectivos no debe estar mediatizado por la parafernalia de los objetos mágicos. El auténtico poder de cualquier acción ritual no procede de sus instrumentos, sino de usted mismo.

Los Wiccans colocan sus altares en el interior de sus círculos, estos sirve como punto focal durante el rito, proporcionando un espacio adecuado para disponer las herramientas y los objetos mágicos que se utilicen. Es un lugar para colocar estatuillas de deidades o para colocar velas, que mantendrá las energías de éstas durante los rituales. El altar también constituye un punto focal para los elementos (para lo cual debe orientarse en una determinada dirección), así como para cualquier instrumento que deba disponerse en cualquiera de las secciones del círculo.

En realidad, cualquier objeto cuya parte superior sea una superficie plana puede ejercer como altar, incluso una pequeña elevación del terreno. Se puede utilizar una piedra plana, una mesa, una caja, un estante cualquier cosa que se adecue a las necesidades temporales y espaciales del momento. Es probable que desee utilizar un mismo altar de forma permanente, ya sea fijo o transportable. Pero también puede optar por construirlo con cualquier objeto que tenga a mano. Cualquiera de los dos sistemas es correcto si se utiliza convenientemente.

El lugar donde sitúe su altar en el interior del círculo es una opción personal. En ocasiones la disposición y la orientación vienen dictadas por determinadas tradiciones, y en otras por las necesidades individuales o grupales con que se trabaja. Algunos Wiccans cambian la orientación del altar en función de las estaciones o del tipo de ritual que están realizando; otros, en cambio, no varían nunca su emplazamiento ni su orientación.

Reglas Básicas y Atributos Direccionales

En todas las tradiciones paganas, cada uno· de los cuatro puntos cardinales está relacionado con la esfera de un determinado elemento y presenta sus reglas específicas y principios básicos. En la mayoría de las tradiciones Wicca, los atributos direccionales son los siguientes: la tierra al norte, el aire al este, el fuego al sur y el agua al oeste. Para facilitar la lectura y evitar confusiones, en esta obra se utilizarán los atributos Wicca; sin embargo, usted es completamente libre de modificarlos según su perspectiva individual o la de cualquier otra tradición. Algunas de estas correspondencias Wicca fueron determinadas por los ciclos naturales, otras por referentes mitológicos. Por ejemplo, la relación entre agua y oeste procede de la mitología celta, ya que durante la época en que floreció esta civilización la Tierra de los Muertos se hallaba bajo el mar, en la dirección oeste en que terminaba el mundo hasta entonces conocido. La correspondencia entre fuego y sur proviene de que, en el hemisferio Norte, el sur es el hogar del Sol.

En las tradiciones paganas europeas, el elemento espíritu no suele tener una dirección única, ya que se considera que está omnipresente en el resto de elementos. En muchas culturas nativas americanas el espíritu se asocia a la dirección superior, inferior o central, lo cual puede ser adaptado (de hecho lo ha sido) por otras tradiciones paganas.

De las tradiciones de Oriente Medio, a través de los contactos ceremoniales con sus magos y brujos, hemos adoptado en nuestras prácticas rituales a algunos gobernantes o soberanos elementales. Se trata de espíritus férricos que contienen la esencia del elemento que representan y que se integran en el círculo ritual con la dirección asociada en aquellas tradiciones. Los paganos somos menos propensos que los ceremonialistas a relacionar a estos seres con determinados elementos, pero por lo general siempre seguimos el modelo de asociar los gnomos a la tierra, los silfos al aire, las salamandras al fuego y las ondinas al agua.

Ya sea justo antes, mientras se traza o una vez construido el círculo, los elementales son invocados para estar presentes durante el ritual. Esta práctica de vincular los elementos con sus direcciones se puede realizar de varias formas, entre las que se encuentran: invocar a los cuatro puntos cardinales, a los elementales, a los vigías, a los propios elementos, a los gobernantes de los elementos o a los guardianes. Según la tradición, estos seres espirituales deben atender la invocación, al menos en su forma más rudimentaria. Esto significa que si dichos espíritus se sienten agraviados por su llamada, o si sus poderes de invocación son todavía muy débiles, no obtendrá todos los beneficios de su presencia. Para reforzar su vinculación a esos espíritus puede meditar sobre cada uno de ellos y mostrarse abierto a sus enseñanzas .

Cuando aprendamos a considerar a estos espíritus como reales, y no como meras proyecciones de energía bruta, nuestra relación con ellos será mucho más profunda y efectiva, y también lo será el éxito de nuestras prácticas mágicas.