Cómo consideran los brujos la muerte

La muerte no es un fin sino un comienzo. Es un medio de acceso. Al morir, salimos de este continuo espacio temporal para entrar en otra dimensión de la que apenas sabemos nada. Los brujos no creen en el cielo ni el infierno, y para ellos el concepto de entrar en la eternidad carece de sentido, puesto que todos estamos en la eternidad, inmersos en un interminable proceso vital. Este proceso puede llevarnos, tras una muerte, de regreso a este continuo espacio temporal para vivir otra vida, que estará parcialmente condicionada por la anterior, pues, de acuerdo con la doctrina del karma, las lecciones que no hemos sabido aprender en una vida podemos llevarlas en parte a sus sucesoras. 

Normalmente no tenemos ningún recuerdo de nuestras vidas anteriores, pero es posible recordarlas en un ritual de regreso, en el cual el brujo, por medio de un hipnotismo ligero, envía la mente del sujeto a través de la barrera del nacimiento y hacia atrás en el tiempo, de modo que el sujeto recuerda sus vidas pasadas. A veces las ve con tal claridad que su veracidad puede comprobarse cotejando datos históricos, pero en la mayoría de los casos no ocurre así. En ocasiones parece probable que el sujeto no recuerda tanto una vida pasada como la imagina, pero, como señaló William Blake, «todo aquello que es posible imaginar es una imagen de la Verdad», y la imaginación o la fantasía del sujeto proporciona simplemente detalles inventados para la esencia de la experiencia pasada o proyecta el conocimiento subconsciente de uno mismo en una escena del pasado.

Así pues, los brujos no lloran a los muertos. Como a todo el mundo, les apena la perdida de sus amigos y familiares, pero este dolor es pronto superado por el sentimiento de alegria ante las nuevas oportunidades que se ofrecen al difunto.