Bendecir las Herramientas

Una práctica habitual y muy necesaria es la de purificar y bendecir las herramientas antes de usarlas con fines mágicos. El proceso de purificación es una operación tanto física como psíquica que sirve para eliminar la programación previa o las antiguas energías que puedan permanecer en la herramienta, instauradas durante su creación o por anteriores usos.

La mayoría de los brujos están de acuerdo con el viejo dicho que reza «purificación y divinidad van unidas». Cualquier brujo experimentado puede afirmar que la suciedad, el polvo y otras inmundicias son incompatibles con la buena magia. Para iniciar el proceso de depuración, deben cogerse las herramientas, una a una, y examinarlas para encontrar cualquier evidencia física de suciedad. Puede tratarse de óxido adherido a la plata o residuos que se han introducido entre las tallas de la madera o las ranuras del metal. Las herramientas de madera necesitan una capa depuradora de barniz, así como un proceso de lijado y pulimentado.

Cuando se ha eliminado la suciedad física, debe procederse a la purificación psíquica. Invierta todo el tiempo necesario en la depuración de cada una de sus nuevas herramientas, entrando en contacto con su textura, su espíritu y sus energías. Esto le permitirá armonizarlas con sus propios patrones energéticos, a fin de convertirlas en una proyección de su poder mágico.

Sostenga la herramienta y obsérvela para transferirle sus energías positivas. Es probable que pueda visualizar cómo la energía emana de usted, de una deidad superior o de la Madre Tierra (si no está seguro de cómo realizar la transmisión, puede remitirse a las instrucciones sobre cómo dirigir las energías Carón en el capítulo 2). Este proceso es una depuración que elimina las antiguas energías transferidas, de forma intencionada o no, a la herramienta.

Seguidamente deberá purificar cada herramienta utilizando alguno de los cuatro elementos. Para ello, puede utilizar el elemento que vaya a asociar a la herramienta, o también el que emplea generalmente como purificador. Por ejemplo, puede pasar un Athame a través del humo del incienso o de una llama; también puede sostener un cáliz bajo un chorro de agua o sumergirlo en una corriente de agua cristalina. Otras herramientas se pueden enterrar en la tierra, en barro o en sal. El método que utilice debe ser compatible con la naturaleza y las necesidades de cada herramienta. El sentido común le ayudará a elegir el procedimiento adecuado. Así, los instrumentos de madera no deben mojarse nunca, y las gemas o metales delicados no deben entrar en contacto con sales corrosivas.

Mientras realiza la purificación final, puede bendecir la herramienta afirmando su propósito de convertirla en un instrumento de magia positiva:

Bendigo este (nombre de la herramienta) en el nombre del Señor y la Señora de todo. Te cargo como instrumento de crecimiento espiritual, como una prolongación de mis propias energías, que se usara con fines positivos. Si olvido mis votos utilizo este (nombre de la herramienta) para violar el Principio que he jurado, los poderes con que he investido a esta herramienta se volverán contra mi, y toda mi magia de nada servirá. Pido al Señor y la Señora que prodiguen su bendición sobre el trabajo que realizaremos juntos, en consonancia con el libre albedrío de todo. Así sea.

No se sabe a ciencia cierta la procedencia ni la antigüedad de esta admonición sobre los poderes negativos que se vuelven contra el propio mago, pero se remonta como mínimo al final de la Edad Media, época en que empezaron a aparecer en las enseñanzas orales y en los grimorios. Actualmente muchos paganos siguen utilizando estas o similares instrucciones al bendecir sus herramientas o al hacer sus votos iniciáticos. Es un buen sistema para alejarse del camino negativo, ya que, aun cuando quiera utilizarlas con fines maléficos, las herramientas no se lo permitirán y, de acuerdo con la Ley de la Triplicación, dirigirán el mal contra su emisor... contra usted.

El paso final consiste en consagrar cada herramienta a su función y al Dios y/o la Diosa a los que sirve. Si no tiene aún divinidades protectoras, puede sustituir sus nombres por los términos Señor y Señora o Dios y Diosa. Un ejemplo· de esto podría ser:

Sostengo en mis manos el (nombre de la herramienta), que consagro como herramienta del elemento (nombre del elemento). Lo destino para usos positivos, caminando en mi vida por. el sendero de la sabiduría. Por el Señor y la Señora a los que amo y sirvo, hago este voto: que el (nombre de la herramienta) sea utilizado sólo para el supremo bien de todo. Hago este voto por mi propia voluntad. Así sea.

Puede sellar sus votos añadiendo una gota de su sangre sobre cada herramienta. Ésta es una ancestral costumbre que permite vincular sus propias energías a las de la herramienta. En la mayoría de culturas antiguas la sangre ha sido considerada como la esencia de la vida y como poseedora de la unicidad de cada individuo. Esto parece indicar que nuestros ancestros ya intuían lo que se sabe en la actualidad sobre el ADN, que puede obtenerse con muestras sanguíneas.

Puede sellar sus votos añadiendo una gota de su sangre sobre cada herramienta. Ésta es una ancestral costumbre que permite vincular sus propias energías a las de la herramienta. En la mayoría de culturas antiguas la sangre ha sido considerada como la esencia de la vida y como poseedora de la unicidad de cada individuo. Esto parece indicar que nuestros ancestros ya intuían lo que se sabe en la actualidad sobre el ADN, que puede obtenerse con muestras sanguíneas.

El sistema más seguro para añadir nuestra sangre a las herramientas consiste en adquirir en una farmacia lancetas para diabéticos, que permiten extraer muestras para analizar el nivel de azúcar en la sangre. Son relativamente baratas y, lo que es más importante, están esterilizadas. En plena época del sida, es algo que debe considerar muy seriamente para preservar su seguridad y la de quienes puedan acompañarle en este proceso.

Gracias al trabajo reiterado con cada herramienta, percibirá cómo empieza a aflorar la personalidad de cada una de ellas. En la mitología celta, los guerreros daban un nombre a sus más preciadas herramientas o armas. Creían que conocer su nombre auténtico les permitía una vinculación mejor y más duradera con las herramientas, y les proporcionaba el poder para gobernarlas plenamente.